Buenas, para patentar los ancestros

La defensa de la diversidad cultural

Tomado de Conexión Colombia:
http://portal.conexioncolombia.com/ wf_InfoArticuloNormal.aspx?IdArt=6565


¿Que pasaría si llegan los extraterrestres a la tierra y deciden que las hostias, como son desconocidas en su planeta, son ahora de su propiedad, pero además existe la posibilidad que más tarde los católicos deban pagar por ellas cuando van a comulgar? Suena ridículo. Pero para 400 pueblos indígenas de Colombia, Perú, Ecuador y Brasil fue algo parecido lo que sucedió con la bebida sagrada que utilizan con fines religiosos y medicinales. Un ciudadano norteamericano patentó el yagé en Estados Unidos. Presentó la solicitud en 1986 y, sin reconocer que estas culturas han utilizado la planta por cientos de años, le fue otorgada. De nada valió que la Coordinadora de la Organización Indígena de la Cuenca Amazónica, COICA, lograra la suspension de la patente en 1999, pues dos años después le fue concedida de nuevo al señor Loren Miller, quien es hoy, según Estados Unidos, el dueño y señor de esta planta tan significativa para las culturas de nuestro país.

En las actuales negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, casos como éste se han convertido en un tema agitado y pasional dentro del debate. Según una versión del asunto, la biodiversidad - y de paso los conocimientos tradicionales, que hacen parte del patrimonio inmaterial colombiano - serán protegidos con el TLC. Pero los detractores de esta idea aseguran que se corre un grave peligro, porque el tratado tal y como está causará el efecto contrario: le dará legitimidad a los casos como el del yagé.

 

En las actuales negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, casos como éste se han convertido en un tema agitado y pasional dentro del debate. Según una versión del asunto, la biodiversidad - y de paso los conocimientos tradicionales, que hacen parte del patrimonio inmaterial colombiano - serán protegidos con el TLC. Pero los detractores de esta idea aseguran que se corre un grave peligro, porque el tratado tal y como está causará el efecto contrario: le dará legitimidad a los casos como el del yagé.

Las dos versiones

En varias ocasiones el gobierno ha resaltado el gran logro que significa haber incluído el tema de la biodiversidad en las negociaciones del TLC. Y sin duda lo es, pues en Colombia este es un tema fundamental, ya que el país representa el diez por ciento de la biodiversidad del planeta con solo el 0.7 por ciento de la superficie terrestre. Sin embargo, la propuesta inicial de Estados Unidos de poder patentar plantas y animales causó un gran revuelo. Los colombianos empezaron a pensar en sus ranas, sus orquídeas y sus demás recursos naturales. 

El debate radica en este punto: las patentes. El país norteamericano no ha firmado el Convenio sobre Diversidad Biológica de las Naciones Unidas - lo han hecho 186 Estados incluido Colombia - en el que se llega a un acuerdo básicamente sobre tres puntos: cada nación es soberana de su biodiversidad; se debe tener un conocimiento previo calificado del Estado si se va a patentar algún recurso de biodiversidad o de la comunidad específica si se trata de un conocimiento tradicional; y debe haber una distribución equitativa de beneficios sobre la patente.

Las leyes de Estados Unidos consideran que, por el contrario, la biodiversidad es patrimonio de la humanidad y son bienes de libre acceso. Además, si por regla general se patentan los inventos, este país también permite patentar descubrimientos. Así que un investigador estadounidense puede llegar a Colombia, descubrir una rana que por algún cambio mínimo no era evidente su existencia y volverla suya.

A esto se le ha conocido mundialmente como biopiratería: la apropiación indebida de recursos biológicos, genéticos o conocimientos tradicionales. Según los defensores la negociación actual del TLC en el tema, este tratado sería un gran paso para combatirla. Serviría para dejar las reglas de juego claras y poner algunas condiciones que podrían traer ventajas a nuestro país. Por ejemplo, instaurar un mecanismo de intercambio de información en el que se avise al Estado colombiano cuando haya una solicitud de patente y así sea posible, si es el caso, demostrar la incapacidad para ser registrado en el país norteamericano.

Martha Isabel Gómez Lee, profesora de la Universidad Externado de Colombia, así como otros opositores, asegura que, por el contrario, el TLC tal como está, serviría únicamente para legitimar esa apropiación indebida de recursos. Haría el papel de sustento jurídico frente a las críticas que recibe el país norteamericano por no adherirse a los paradigmas internacionales.

Si ese mismo investigador estadounidense logra patentar un gen que sacó de la planta antibiótica llamada tres venas, que es utilizada por los indígenas del Guaviare para curar las heridas, ya tendría todo el respaldo jurídico que le da la firma del tratado. Así se estaría apropiando de ese conocimiento que desarrrolló esa cultura durante años, de saber machacar sus raíces para obtener el medicamento que necesitan para tal curación, y poco se le estaría reconociendo. Es más, en algún momento se les podría restringir el uso de la planta.

Una de las condiciones que pide Colombia en este tema es que a lo que se patentó en Estados Unidos, se le de una explotación económica en Colombia para obtener beneficios en nuestro país. Sin embargo, Martha Isabel Gómez asegura que esa condición se podría cumplir, si por ejemplo, de un gen patentado fabrican un medicamento y más tarde lo venden en Colombia por un precio elevado. El mismo caso del petróleo que llega al país de nuevo convertido en gasolina a precios cada vez más desorbitantes.

Otros expertos en el tema aseguran que así Estados Unidos acepte las condiciones impuestas por Colombia, nuestro país llevaría siempre las de perder, pues se encontraría en una gran situación de desventaja frente a la experiencia y el gran desarrollo en biotecnología de la potencia mundial.

Sin embargo, hasta ahora no se ha llegado a ningún acuerdo ni se han aceptado compromisos. Apenas se dio un espacio para discutir sobre la situación y para plantear las posiciones de las partes negociantes. Pero de todos modos la posibilidad de que la biodiversidad colombiana y los conocimientos tradicionales tengan otro dueño asusta a cualquiera. Así que los negociadores deberían encontrar una fórmula en la que no se pongan en bandeja de plata lo que hace parte de nuestro patrimonio nacional.